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23 de julio de 2015

Lluvia de votos en ballotage uruguayo



El domingo amaneció con un diluvio fuerte pero manso, como el paisito. El propio Presidente Mujica manifestó no recordar una elección de estas características meteorológicas, aunque algún veterano militante comentara, más tarde en los festejos, que en 1950 había “llovido fuerte”. Desde que se abrieron las mesas de votación a las ocho de la mañana y hasta entrada la tarde, la lluvia fue protagonista. Un día atípico para lo que se acostumbra vivir en una jornada cívica en Uruguay, asociadas en el inconsciente colectivo a hermosos días primaverales de sol, gente con banderas en los hombros y mucha alegría y respeto. A los uruguayos les encanta votar y viven las elecciones como una fiesta.
Otra curiosidad fue la apática campaña. El inmediato espaldarazo que el candidato del Partido Colorado, Pedro Bordaberry (que pasó de un 17% en 2009 a un magro 13%), le dispensó la misma noche de la elección de octubre al del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou (que mantuvo el 30% de 2009 y estuvo 18 puntos por debajo del Frente Amplio y su mayoría parlamentaria, que las encuestas habían dado como imposible), fue duramente cuestionado puertas adentro de su partido, al punto que tuvieron que aparecer dos ex presidentes colorados, Julio María Sanguinetti y Jorge Batlle, a ponerle el hombro. El porcentaje obtenido por el hijo de otro ex presidente, Luis Alberto Lacalle Herrera, fiel representante de la derecha uruguaya y sus intereses, fue, sin embargo, recibido con alivio en el seno del nacionalismo que temía no alcanzar el 40%, lo que hubiera sido ciertamente lapidario. Finalmente obtuvo un 41,1% y, desde el parlamento, deberá asumir la responsabilidad de liderar a una oposición que no difiere en mucho del resto de opciones de la derecha latinoamericana: consignas genéricas (“seguridad”, “libertad”, “paz”, “franquesa”) al que es imposible oponerse, pero ideas inconfesables detrás de programas de gobierno inviables sin recurrir a las recetas de ajuste y recorte de políticas sociales que harían retroceder los logros de estos años.
Lo cierto es que, exactamente 34 años después del plebiscito que en 1980 le dijo “No” al proyecto de la dictadura militar para reformar la Constitución e institucionalizar el gobierno de facto, el Frente Amplio, la coalición de izquierda más antigua de la región, alcanzó su tercer gobierno con mayorías parlamentarias propias, un hecho inédito en el país. Obtuvo, además, la mayor diferencia en un balotaje desde que se aplica este sistema. Y Tabaré Vázquez, que pasó el millón doscientos mil votos (53,6%), se convirtió en el presidente más votado de la historia. Luego de conocerse los resultados y de la formal conferencia de prensa en el comando de campaña, subió al escenario ubicado en la Av. 18 de julio frente a la Intendencia Municipal de Montevideo, lo recorrió de un lado a otro y dijo “gracias”. Hubo un expectante silencio y ante la solicitud de la multitud, descargó la frase pronunciada hace 10 años, cuando ganara por primera vez la presidencia, que se ha convertido en caballito de batalla para frenteamplistas y objeto de burla para opositores: “Festejen, uruguayos, festejen, que la victoria es de ustedes”.

Gabriel Costa Ferraro

Publicada originalmente en "El eslabón" de Rosario, Argentina, el sábado 6 de diciembre de 2014.

25 de mayo de 2013

Razones de mayo




Hoy en Argentina, 203 años después de la Revolución de Mayo, un montón de gente común y corriente, jóvenes, veteranos, laburantes, artistas, militantes y familias de todos los estratos sociales, festejan que hace 10 años se abrió una brecha para saldar algunas deudas históricas que ciertamente se han venido saldando, sin que eso signifique que no se hayan cometido errores o que no queden muchas de esas deudas aún pendientes. Festejan porque hoy pueden participar y discutir qué país quieren. Y festejan que recuperaron su trabajo, o que se pudieron jubilar, o que son el primer universitario en la familia, o que se pudieron casar con el que se les da la gana, o que sus aportes laborales ya no están en manos de bancos extranjeros rifados en la timba financiera y hoy se invierten acá, o que ya no tienen que esperar hasta el domingo a las 9 de la noche para ver los goles de su equipo o ver una tribuna en la pantalla porque no puede pagar el plus del abono de Cablevisión. Quien sabe. Por ahí festejan haber recuperado Aerolíneas e YPF, haber enjuiciado y encarcelado a genocidas que se mueren así y no libres como ha sido regla en la historia de la humanidad, haberle dicho no al ALCA de Bush, la Asignación Universal por Hijo, la impecable gestión diplomática por Malvinas o simplemente tener una Presidenta que no sólo no lee sus discursos si no que maneja una claridad y elocuencia conceptual que enferman de odio a sus contendientes políticos (que en amplia mayoría, no le llegan a los talones) y saca de quicio a sus enemigos de la monótona retahíla mediática (el verdadero partido opositor, afectado en sus negocios) de que "está todo mal" y que "son todos chorros" que esconden fortunas en bóvedas. 
Quien escribe, humildemente, se suma a esa alegría. Ha comprobado la indiscutible realidad de estas cosas. Ve quienes son los que mascan bronca después de estos 10 años y está seguro de estar parado en el lugar que lo deja tranquilo con su conciencia. Quizás no sea una década ganada, queda eso para los libros de historia. Lo que sí es seguro es que no fue una década perdida. Al gran pueblo argentino, salud

Discurso de asunción de Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003: