29 de noviembre de 2015

10 años de la primera gira sudamericana de Dream Theater.

Sábado 3 de diciembre de 2005



El show arrancó pasaditas las 20:30 con lleno total (casi 15.000) en el estadio abierto de Obras. Primero sonó el tema central de A Clockwork Orange de Walter (luego Wendy) Carlos. Se sabe que Mike Portnoy es muy cinéfilo y Stanley Kubrick uno de sus directores favoritos. Luego mientras una cinta reproducía la última nota de In the Name of God (final de Train of Thoughts) los cinco músicos se ubicaron en el escenario para comenzar el primero de sus cuatro sets en Baires... The Root of All Evil y Panic Attack de Octavarium pusieron de cabeza Obras en un pogo infinito... Era muy difícil ver algo o moverse en el poco espacio que quedaba, pero el sonido era bastante bueno para lo poco que invirtió la producción... Portnoy con una batería mucho mas pequeña (no trajo su set siamés de tres bombos y decenas y decenas de cuerpos) que me hizo acordar a la época de Awake, Rudess sin su pie giratorio que viéramos en Live at Budokan, Myung enchufado con cable (no inalámbrico) y Petrucci sin su pared de Mesa Boogie... Sin embargo, a pesar de lo humilde del escenario (sin pantallas, sin escenografía, con mediocre iluminación) la banda entregó todo... Luego del principio a pleno con Octavarium arrancamos con el baúl de los recuerdos: A Fortune in Lies, Under a Glass Moon, Caught in a Web, Peruvian Skies (con extractos de Wish You Were Here de PF y Wherever I May Roam de Metallica -en la gira de Falling Into Infinity fueron Have a Cigar y Enter Sandman, recuerdan?-), Strange Deja Vu, y el final de la suite Six Degrees of Inner Turbulence (a partir de Solitary Shell) en estricto orden cronológico se llevaron la primera parte del show... Impresiones? James LaBrie está en su mejor momento. Un frontman impresionante, que arrastra las miradas de la gente a pesar de los cuatro animales que tiene atrás. Su voz brilló como nunca había escuchado (en ningún DVD ni álbum en vivo) y está en impecable forma física. Su comunicación con el publico muy intensa (aunque el día siguiente se los vio a todos muuuucho mas relajados y disfrutando a pleno). Jordan muy tranquilo y siempre con una sonrisa dibujada (no es solo en los DVD), John Myung es un ser que no podría describir con palabras... A pesar de su aparente rigidez o seriedad, el tipo no para un segundo. Es una pared sonora que sostiene (claro, junto al bestia de Portnoy, el líder nato de la banda) todo lo demás con una prestancia y perfección que no conozco en bajista alguno en este planeta. Usa todos los dedos de las manos. Petrucci estaba medio inseguro al principio, pero enseguida se fue afianzando. Apartado aparte para el público: coreaba tanto los riffs como las letras de las canciones (algo que LaBrie notó enseguida y comenzó a arengar). En el intervalo de ambas noches nos regalaron una preciosa versión acústica de A Mind Beside Itself a cargo del dúo francés Pipo & Elo. Sólo guitarra y voz pero un arreglo excelente... la gente cantaba también con la grabación mientras esperaba el regreso de los monstruos.
Y el regreso se produjo con As I Am, una versión muy poderosa por cierto. Luego Endless Sacrifice y después varios temas de Octavarium, entre los que se destacó la suite homónima ejecutada con precisión de relojería... excelente, me dejo boquiabierto...
Los bises fueron una fiesta, primero The Spirit Carries On y luego (agárrense) Learning to Live, una que nadie se esperaba... Salimos muy contentos del show, pero con un gusto medio raro... Muy pocos clásicos, demasiado Octavarium... Habría sorpresas al otro día??

Domingo 4 de diciembre de 2005



Esta vez el show empezó tempranito y bajo una fina garúa Menos gente que el día anterior, es verdad, pero se respiraba un aire distinto, mas calmo. Nuevamente el tema de A Clockwork Orange, nuevamente el cosquilleo en la panza.

Cuando escuchamos el ruido a púa (muy amplificado, es verdad) que abre Six Degrees y los chicos arrancaron con The Glass Prison, muchos de nosotros supimos que estábamos ante algo especial. La versión sonó imponente (sólo había escuchado la versión en vivo de Graspop, que no me había convencido demasiado) y esta vez, bien de cerquita, pude apreciar los movimientos y gestos de los cinco, que parecían mas distendidos y relajados que la noche anterior. Luego vino Just Let Me Breathe de Falling Into Infinity, buena versión. Cuando arrancó The Mirror, del clásico Awake,  Obras volvió a ser un pogo general, pero esta vez sin empujones ni forcejeos, sólo alegría y la convicción de que Portnoy no nos había mentido la noche anterior: íbamos a vivir un show muy especial. 

Siguió Lie y después bajamos al emotivo The Answer Lies Within (uno de los puntos altos de Octavarium y un tour de force para LaBrie, totalmente despojado de los tics del tenor heavy y transformado en un
crooner de cuidado) y luego los potentes These Walls y Never Enough, los que faltaban de éste último álbum. El cierre de la primera parte fue con In the Name of God de Train of Thoughts, un temazo impresionante, en lo personal el mejor de ese disco.
La pregunta que flotaba en el aire en ese intervalo (mientras sonaban otra vez los franceses Pipo y Elo con Erotomania y Voices) era qué iban a hacer en ese cuarto y último set en Argentina. Conjeturas varias: ¿harían Dark Side of the Moon como en Europa?... En su página web dice claramente que el segundo set de la segunda noche está dedicado a un álbum clásico ¿lo harían acá o seguirían repasando su vasta discografía?... Ninguna de las dos o en realidad ambas.… 

Primero un ruido de disco (ese ruido como a papa frita de la púa en el vinilo) y casi me desmayo cuando reconocí el comienzo de Close to the Edge, inmortal clásico de Yes. Por un momento pensé que se iban a animar a tocar la mejor suite de la historia del rock, pero la púa se corrió y se hizo el silencio. Luego otra vez púa sobre disco y el comienzo de The Lamb Lies Down On Broadway
Segundos nada mas, otra vez la púa se corre. Así recorrimos los comienzos de entre 5 y 6 álbumes clásicos de todos los tiempos (entre ellos también estaba 2112 de Rush, como no). De repente comenzó a sonar un tic-tac. ¿Sería posible? Nos pellizcamos, quizás estábamos soñando, pero no. "Close your eyes and begin to relax...…” dijo la voz en off. El público aullaba de placer.  Si, señores, Dream Theater cumplía su promesa de tocar un disco clásico. Pero ésta vez, uno propio. "Safe in the light that surrounds me..." todo Obras coreaba y LaBrie ofrecía generoso el micrófono para que las aproximadamente 9000 personas compartieran ese momento que tanto habíamos soñado. Es necesario puntualizar, sin embargo, la absoluta disconformidad que sentí cuando promediando Home y hasta el final mismo de The Dance of Eternity el bajo simplemente dejó de escucharse. Apenas algún atisbo de los graves (ayudado por el bombo tremendo de Portnoy y las teclas del lado izquierdo de Jordan que tambien alcanzaban profundidades asombrosas) que evidentemente nos llegaban desde el monitor de Myung. Una vergüenza. Después subieron tanto el bajo que no se escuchaba Petrucci! En fin, durante unos minutos, se notaron claramente las falencias de sonido y la poca coordinación del staff (que supongo locatario, no creo que la banda esté acostumbrada a estos paplelones). De cualquier manera, nada podía empañar una fiesta que continuó con todo el mundo saltando (luego de 6 horas entre los dos días, es bastante, no?) al ritmo de Pull Me Under-Metropolis Pt.1

En definitiva, dos shows excelentes de una de las mejores bandas sobre la faz de la Tierra (y al que le pique, que se rasque), aunque el domingo cargado de una emoción y un sentimiento especial, mas intimo, si se quiere
. Como bien dijo uno de los amigos con los que tuvimos la suerte de estar: Nos tocaron Scenes From a Memory en la cara y nos dieron una lección de entrega, virtuosismo, prolijidad, espectáculo y rock. Nos fuimos silvando bajito Singin In the Rain de Gene Kelly (no casualmente el tema de títulos finales de A Clockwork Orange), canción que me ha acompañado a lo largo de mi vida y que, increíblemente, también estuvo en Obras el 3 y 4 de diciembre.


Gabriel Costa Ferraro

1 de agosto de 2015

¿El progresismo conservador?

"Hemos gastado billones de dólares en una guerra inefectiva que, sólo en México, dejó más de 60.000 muertos en los últimos seis años; millones que deberían haberse invertido en hospitales, colegios, viviendas para los más pobres y generación de empleo" 

Manuel Santos, presidente de Colombia



Hay una enorme confusión, sobre todo a nivel semántico, de lo que significa "liberalismo". Suele ser interpretado como una ideología volcada a la derecha y hasta suele mezclarse con facilidad el liberalismo político (respeto a las libertades ciudadanas e individuales -libertad de expresión, asociación, reunión-, existencia de una constitución inviolable que determina los derechos y deberes de ciudadanos y gobernantes; separación de poderes -legislativo, ejecutivo y judicial- y el derecho al voto) y el económico (no intervención del estado en las cuestiones sociales, financieras y empresariales), que quedó asociado por mérito propio con el "fin de la historia" (tesis anacrónica e históricamente demostrada como falaz, escrita luego de la caída del Muro de Berlín en 1989 por un japonés llamado Fukuyama, que se creyó un groso como Hegel y habló del fin de las ideologías y la victoria final del capitalismo de mercado occidental. Se ha vuelto una biblia neo-conservadora, neo-liberal y hasta liberal-libertaria -que no se consideran ni conservadores ni neo-liberales pero en lo económico piensan exactamente igual con respecto al estado y su intervención en la economía).

Según Fukuyama "(...)en el fin de la historia no es necesario que todas las sociedades se conviertan en exitosas sociedades liberales sino que terminen sus pretensiones ideológicas de representar diferentes y más altas formas de la sociedad humana"

En Argentina, los últimos 12 años han sido muy liberales en lo político, mas allá de que desde tiendas oficialistas lo llamen "progresismo" o "proyecto nacional y popular" (que en sí, no encierra ninguna definición ideológica y en realidad las contiene a todas, en un nuevo "ni izquierda ni derecha, tercera posición" que nos empezó a hacer mucho ruido en estas épocas de campaña). Pero es, sí, liberalismo. Ampliar derechos individuales, permitir que todo el mundo se exprese como le parece despenalizando las calumnias e injurias que escriben con mucha asiduidad los periodistas militantes de la oposición (que se auto adjudican el sayo "independiente" cuando de independientes no tienen absolutamente nada), las leyes de ampliación de derechos para minorías. Ese liberalismo social se opone al conservadurismo tradicional católico (que es liberal en lo económico -porque le conviene- y profundamente conservador en lo político y en lo social), o al menos lo hacía hasta la llegada de Francisco al Vaticano. Pero sabe que el Estado no debe desentenderse de la economía, de lo contrario el mercado se apodera de la misma y, ya sabemos, el zorro custodiando a las gallinas no es la mejor idea, por mas que muchos "gurúes" de la derecha argentina (los economistas como Melconián, Broda o Espert, que forman parte del think tank del partido neo-liberal PRO, que representa los ideales clásicos de la derecha nacional) pretenden un capitalismo "lassez faire" violento, donde el Estado funcione como una cancillería y nada mas y deje, por ejemplo, de invertir 5 puntos del PBI en pagarle la jubilación a los 3 millones de incorporados por medio de una moratoria, que durante años fueron saqueados por empresarios privados que se quedaban con sus aportes y después llaman "chorros" a los políticos -que no piensan como ellos, claro está- mientras engrosan sus cuentas bancarias en el exterior fugando capitales y evadiendo impuestos, insistan en que es "el camino". La política económica de este gobierno, si bien capitalista de mercado, se aleja muchísimo de la ortodoxia liberal y lucha por deconstruir muchas de sus "verdades impuestas" al discutir sobre inflación, poder adquisitivo, nivel de vida, redistribución del ingreso, etc.

Dicho esto y yendo ahora al grano, resultan muy inquietantes algunas manifestaciones de candidatos y/o cuadros de relevancia del FpV (que nosotros llamamos "kirchnerismo" a secas, pero que cada vez se va pareciendo mas al "peronismo" a secas) con respecto a, por ejemplo, la despenalización del consumo de drogas. Justamente en el día de ayer, el presidente del bloque de diputados de la fuerza oficialista en la Provincia de Buenos Aires escribió este inquietante (y confuso, y contradictorio) mensaje en su muro de Facebook:

"Drogas
No comparto la despenalización del consumo. Pero vincularlo al narcodelito es desconocimiento o mala fe.
Drogas, violencia y Estado
Más que decir y chicanear, hay que hacer con seriedad y responsabilidad.
Lo que está en juego cuando hablamos de consumo y violencia es el destino de nuestros hijos y nietos. Y el de la sociedad toda. 
A los delincuentes, cárcel. A los adictos, atención y cuidado. Sin una política estatal de prevención, todo es mucho más difícil.
Para algunos es más cómodo agarrársela con los que consumen drogas que caerles a los delincuentes. La hipocresía no ayuda a resolver estos temas."


¿En qué quedamos, entonces? No comparte la despenalización del consumo (o sea, no se opone a que los pibes sean encarcelados y abusados institucionalmente por fumarse un porrito o tener su plantita en la casa) pero después manda la diatriba "progresista" de la lucha contra el narcotráfico y encima cierra con una reflexión hipócrita sobre la hipocresía. Un derrape completo, pleno, irreversible. Aclaramos que le tenemos mucho respeto a Navarro y al Movimiento Evita (cuya postura con respecto a este y otros temas desconocemos e imaginamos estarán sujetas a fuerte debate interno) pero debemos advertirles que el Chino da una definición totalmente coherente con el conservadurismo católico y que hay un extrañísimo viraje a esas posturas por parte del oficialismo desde el entronamiento de Bergoglio como Papa (así como un viraje en las opiniones y posturas de varios cuadros relevantes con respecto a esa figura) y desde la elección a dedo de la candidatura de Daniel Scioli para formar una "fórmula de unidad". Esa postura choca de frente con políticas que ha impulsado este gobierno (matrimonio igualitario, identidad de género y otras medidas netamente "liberales") y lo acerca a posiciones mas bien de derecha, conservadoras, autoritarias. Entonces... ¿Qué tipo de liberalismo nos espera con Scioli presidente? ¿Mudará de lo político a lo económico? Ya lo dijo Héctor Magnetto en una nota publicada en "Anfibia" como adelanto del libro biográfico de Martin Sivak: "La guerra con el gobierno termina en diciembre, mas allá de que gane el oficialismo". Tomá p'a vos. 
Pero... ¿Qué "corpo" es mas poderosa y peligrosa que el narcotráfico en el mundo, si tiene estados propios que funcionan bajo su lógica? ¿La fuerza "progresista" que representa a la centro-izquierda (porque la "izquierda" argentina es generalmente -con excepciones ciertas y respetables-, intransigente, con poca o nula vocación de gobernar algo mas que la fotocopiadora de la facu) liberal -si, aunque les duela seguiremos usando ese término a menos que alguno de los politólogos que conocemos y apreciamos nos corrija con sólidos argumentos- no tiene una posición tomada al respecto todavía, cuando estamos a días de la Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias? ¿Un cuadro de la relevancia de Navarro puede -al contrario de lo que hizo, por ejemplo, el ministro de economía y candidato a diputado por la CABA, Axel Kiciloff, que prefirió no exponer su pensamiento personal sobre la despenalización del aborto en un programa de TV por considerarla una discusión abierta puertas adentro del movimiento- manifestar una incongruencia de este tenor en las redes sociales generando un enorme rechazo (basta leer los comentarios en su post) de propios y ajenos? ¿Que un cuadro de su relevancia inicie debates a través de estos medios,  privilegiando su opinión personal, ayuda a la "unidad" o mas bien todo lo contrario?

Para combatir el narcotráfico hay que terminar con la ilegalidad del producto y del consumo del mismo. Lo sabemos desde la ley seca yanqui. La ilegalidad genera tráfico ilegal y ganancias exorbitantes para unos pocos, mientras sigue destruyendo el tejido social en las clases mas vulnerables. No veo en la postura de Navarro voluntad de cambiar ningún paradigma al respecto. Y eso, mas que molestar, preocupa mucho. Muchísimo.

Gabriel Costa Ferraro

27 de julio de 2015

El trovador de la selva


Que Ian Anderson, fundador y líder de Jethro Tull, banda británica de gran importancia durante los años 1970 y con mas de 30 de carrera a cuestas, es uno de los mejores compositores de su generación no es novedad. Sus primeras composiciones con esa banda, a pesar de estar muy influenciadas por el blues (en parte debido a que el primer guitarrista del grupo, Mick Abrahams, no estuviera avocado a otros estilos) ya demostraban el interés de Anderson por explorar raíces de su cultura, mas precisamente música celta y folklore tradicional. Con el paso de los años (y el ingreso, ya para el segundo disco, del multifacético Marin "Lancelot" Barre) esas inquietudes se fueron plasmando en su obra. Así, a fines de la década de 1970, Jethro Tull había pasado por el hard-rock (To Cry You a Song, de Benefit, 1970; Aqualung y Locomotive Breathe, de Aqualung, 1971) y el art-rock progresivo (Thick as a Brick, 1972; A Passion Play, 1973). Con Minstrel in the Gallery (1975) la fusión de folk y rock alcanzó su aleación perfecta. Ya era indistinguible una cosa de la otra. Eso no deja de ser un gran punto a favor para una banda que se re-transformó a sí misma durante toda esa década creando un estilo muy personal en la sutileza de los arreglos, el inconfundible sonido de la flauta traversa (mal) ejecutada como sólo Ian Anderson podía hacerlo y el virtuosismo de los músicos que lo acompañaron (los bateristas Clive Bunker y Barrimore Barlow, el pianista John Evan, los bajistas Glenn Cornick y Jeffrey Hammon fueron alternando en los primeros años), entre otras cosas, hicieron de Jethro Tull una de las bandas más grandes del mundo en su época. Y Anderson fue el alma mater de este fenómeno. Muchos, incluso, aún creen que su nombre es Jethro Tull, ignorando que éste es nada más (ni nada menos) que un agricultor inglés del siglo XVIII, inventor del arado, a quien el representante del grupo usurpó su nombre.


Con la salida de Songs From the Wood (1977), un disco básicamente folk (pero a lo Tull) quedó totalmente al descubierto el amor de Ian por la música de sus raíces, que siguió aplicando también en el excelente Heavy Horses (1978). Pero a partir de los 80, al igual que muchos de sus contemporáneos (Genesis, Yes, King Crimson) exploró con nuevas tecnologías y sonidos (sintetizadores, por ejemplo, en A de 1980 y Under Wraps de 1984). Quizás como extensión de este último editó su primer trabajo solista: Into the Light. No fue hasta 1995 que lanzó el segundo, Divinities: Twelve Dances of God, un álbum instrumental que podía, a su vez, emparentarse con Roots to Branches, disco de Jethro Tull de ese mismo año. Ian demostró en Divinities que había aprendido la técnica correcta  para tocar la flauta (aunque la propia tenga mas personalidad) y se metió de lleno a la fusión étnica: música tradicional de India y Medio Oriente con folk celta y música antigua. Y se dio cuenta de que el camino era el acertado: que podía marcar una diferencia con Jethro Tull y, a su vez, mantenerlo como referencia permanente.

En su mas reciente trabajo pasa exactamente lo mismo: continúa el concepto sonoro del disco de Jethro Tull, J-Tull Dot Com, salido a fines del año pasado y que, inclusive, incluye como bonus track el tema que da nombre a este nuevo: The Secret Language of Birds, que tiene su sello inconfundible. Anderson escribió, produjo y grabó el disco (fue, además, su propio ingeniero de grabación), además de tocar flauta, guitarra acústica, bouzouki, bajo acústico, mandolina y percusión. Su compañero de Jethro Tull, Andrew Giddins, toca el acordeón, piano, órgano, marimba y teclados y se encarga de los arreglos orquestales. Como invitados figuran los bateristas Gerry Conway, Darren Mooney y James Duncan. Martin Barre tocó guitarras eléctricas en un par de temas, aunque para figurar nomás.

El disco es muy ameno, liviano y prolijo, en la línea de Divinities pero cantado. Se apoya en buenas canciones folk que, como en J-Tull Dot Com, tienen por ahí cierto aire de selva tropical sudamericana. Los textos reflejan la etapa de la vida que pasa Anderson, bastante mas reflexivo aunque sin la frescura que lo caracterizaba, mostrando sólo en cuentagotas aquel humor irónico característico en sus comienzos. Pero en Set-Aside, Montserrat (que remite a momentos de Warchild, 1974), The Water Carrier (que se parece mucho a Fat Man) se respira un verdadero aire tulliano clásico, algo que no aparece mucho en sus obras anteriores. Con J-Tull Dot Com, Anderson demostró que todavía puede tocar rock y gustar a públicos generales. En The Secret Language of Birds se dirige al público que creció con él, con el estilo y la madurez que las circunstancias requieren.

Gabriel Costa Ferraro

Publicada originalmente en el suplemento Culturas del diario El Observador, Montevideo, Uruguay, el martes 25 de julio de 2000.

24 de julio de 2015

El santo grial de la fusión


Últimamente es moneda corriente encontrar viejos discos de las décadas de 1970 y 1980 en versiones digitalmente remasterizadas para CD o, inclusive, hasta nuevas mezclas de viejas piezas musicales. En el terreno del blues, el jazz y la fusión se están rescatando cosas muy valiosas y Columbia-Legacy (hoy propiedad de Sony Music) relanzó gran parte de su catálogo en nuevas versiones con mucha información en sus librillos y excelentes pistas extra de material que va  desde los legendario Kind of Blue o Bitches Brew de Miles Davis hasta la discografía completa de Stevie Ray Vaughan, por ejemplo.

En noviembre de 1998 el productor Bob Belden comenzó a trabajar en la remasterización de Birds of Fire (1972), el disco mas exitoso de la formación original de la Mahavishnu Orchestra, quinteto integrado por John McLaughlin en guitarra (quien adoptó el nombre de "Mahavishnu" cuando fue discípulo de un gurú oriental llamado Sri Chinmoy, al cual después presentó a Carlos "Devadip" Santana); Jerry Goodman en violines y violas; Jan Hammer en piano y sintetizador, Rick Laird en bajo y el increíble Billy Cobham en batería.

Belden encontró dos cintas sin rotular en un almacén de la Columbia en Los Angeles. La única información que contenían las cintas era su lugar de grabación: Londres. Al escucharlas, descubrió que se trataba del que iba a ser el tercer álbum de estudio de la Mahavishnu, el cual se había grabado en 1973 en momentos de tensión internas que luego derivaron en la ruptura, y se hallaba perdido en los archivos de la compañía, nadie sabe bien cómo o por qué.

The Lost Trident Sessions es, entonces, un nuevo disco de la primera formación de Mahavishnu Orchestra, pero grabado en 1973. El sonido es impecable. Cuarenta minutos de auténtica maravilla que rescatan, sin dudas, el mejor momento musical de este grupo que pasaba por su pico artístico, con giras extensas y agotadoras (¡llegando a tocar todas las noches durante un mes y medio!).

El comienzo del disco es con dos largas y hermosas piezas de McLaughlin; Dream y Trilogy muestran un abanico de atmósferas y explosiones rítmicas que bien podrían remitirse a algunos momentos del rock sinfónico de Yes o el primer King Crimson, destacando el toque vertiginoso de Billy Cobham acoplándose a la perfección a las complejas y veloces escalas de Mahavishnu. En Sister Andrea, un furibundo funk progresivo, destacan los aportes de Hammer, mientras en I Wonder lo hacen los del violinista Goodman sobre una base "loopeada" que da lugar a espectaculares armonías entre éste y la guitarra. En la bellísima Stepping Tones llega el momento de Laird y la obra culmina con John's Song #2, excelente broche de oro con lucimiento especial de McLaughlin y Cobham.

Técnicamente irreprochable y notablemente interpretado, The Lost Trident Sessions fue la última grabación del grupo en estudio ya que el mismo terminó separándose por diferencias entre John McLaughlin y sus compañeros, que pretendían rédito y regalías por igual. Lucha de egos, según el manager Elliott Sears o agotamiento profesional, según el propio Mahavishnu. Finalmente, el tercer disco que por contrato debió presentar la banda a Columbia fue Between Nothingless & Eternity, grabado en vivo en el Central Park de New York.

Aquellos que gusten de la fusión progresiva, la improvisación colectiva y el virtuosismo encontrarán
en The Lost Trident Sessions colmadas todas sus expectativas.

Gabriel Costa Ferraro

Publicada originalmente en el suplemento Culturas del diario El Observador, Montevideo, Uruguay, en julio de 2000.

El ladrillo que faltaba en la pared



The Wall, de Pink Floyd, cuenta la historia de una estrella de rock que agobiado por los recuerdos de su infancia (padre muerto en la segunda guerra mundial, una madre castradora y la humillación que sufría de sus maestros en la escuela) y su vida posterior (un fracaso matrimonial y su transformación en un líder fascista) comienza a construir una pared mental mediante la cual poder aislarse del mundo que tanto daño le había infringido. “Es la historia de Roger Waters” –reconoció Nick Mason- “Nunca me sentí agredido por el público, ya que generalmente los bateristas estamos lejos de él, y admito que me asustó la primera idea de Roger de realizar todo el show detrás de la pared. Afortunadamente cambió de parecer”. Sin embargo, no todos los créditos deben atribuírseles a Roger Waters ya que David Gilmour, guitarrista y cantante, fue muy activo en la composición de partes clave de la obra como lo son Young Lust, Confortably Numb o Run Like Hell. Hay tres etapas en la historia de The Wall: el disco, la puesta en escena en vivo y la película.
Dos de esos tres elementos son de pública notoriedad. El álbum doble fue editado en noviembre de 1979 y la película dirigida por Alan Parker un par de años después. Pero sólo algunos pocos afortunados pudieron disfrutar de los shows presentados (sólo 29) en Inglaterra y Estados Unidos.
Con la salida al mercado de Is There Anybody In There?-The Wall Live 1980-81, el elemento que faltaba de la obra podrá ser disfrutado sólo en parte, ya que el elemento visual queda de lado. Con una edición de lujo (un hermoso libro repleto de fotografías y comentarios de cada uno de los actores del evento) que continúa con la mejor tradición de la banda, Pink Floyd pretende aliviar un poco el dolor de su no-existencia (el último disco en estudio de la banda –sin Waters, que se fue luego de The Final Cut, de 1983- data de 1994).(*) El sonido es sorprendentemente bueno, teniendo en cuenta que fue grabado hace 20 años, y se nota la experta mano de James Guthrie, encargado del sonido en vivo, en el resultado final. Vale recordar que Guthrie también fue el ingeniero de sonido del disco original en el estudio. Es la segunda grabación oficial en vivo de la banda completa (la anterior aparece en el segundo disco del doble Ummagumma) por lo que podemos afirmar que éste es el disco en vivo definitivo de Pink Floyd, ya que ni en Delicate Sound of Thunder ni en Pulse estuvo Roger Waters, quien mantuvo, además, un largo pleito con sus ex compañeros por el uso del nombre de la agrupación.  

Basta escuchar la versión de Confortably Numb y compararla con las de los discos anteriormente nombrados para darse cuenta de la importancia de Roger en el sonido de Pink Floyd.
Queda poco por decir de la obra de Waters que no se haya dicho. El disco recibió duros comentarios de la prensa especializada y la película fue hasta tachada de nihilista y desesperanzada por parte de la crítica cinematográfica, pero llevan más de dos décadas de éxito continuo a nivel artístico y comercial. Waters recibe infinidad de pedidos para la cesión de los derechos a colegios que quieren representar su obra, cediéndolos gustosamente. Si bien la relación con sus ex compañeros no se recompuso (terminó de romper relaciones con Gilmour y Mason luego de The Final Cut y había despedido –y luego contratado como sesionista para la gira- a Rick Wright durante las sesiones del disco) (**) hay quienes aún hoy continúan debatiendo si Pink Floyd siguió vivo o no después de Waters, discusión que no viene al caso analizar ahora y queda relativizada por los hechos. Lo que queda claro al escuchar esta notable grabación en vivo es que The Wall fue la última obra de Pink Floyd. Bon Apetit.

Gabriel Costa Ferraro


Nota publicada originalmente en el suplemento Culturas del diario El Observador de Montevideo, Uruguay, el martes 6 de junio de 2000.

(*) En 2014 Pink Floyd editó lo que fue anunciado por Gilmour y Mason como su “canto del cisne”, su última obra en estudio: The Endless River, basado en grabaciones que Richard Wright (fallecido en septiembre de 2008) había dejado de las sesiones de The Division Bell (1994). 



(**) En 2005 Gilmour, Waters, Wright y Mason se reunieron por primera y única vez luego de su separación para tocar 4 canciones en el evento Live 8. 



23 de julio de 2015

Lluvia de votos en ballotage uruguayo



El domingo amaneció con un diluvio fuerte pero manso, como el paisito. El propio Presidente Mujica manifestó no recordar una elección de estas características meteorológicas, aunque algún veterano militante comentara, más tarde en los festejos, que en 1950 había “llovido fuerte”. Desde que se abrieron las mesas de votación a las ocho de la mañana y hasta entrada la tarde, la lluvia fue protagonista. Un día atípico para lo que se acostumbra vivir en una jornada cívica en Uruguay, asociadas en el inconsciente colectivo a hermosos días primaverales de sol, gente con banderas en los hombros y mucha alegría y respeto. A los uruguayos les encanta votar y viven las elecciones como una fiesta.
Otra curiosidad fue la apática campaña. El inmediato espaldarazo que el candidato del Partido Colorado, Pedro Bordaberry (que pasó de un 17% en 2009 a un magro 13%), le dispensó la misma noche de la elección de octubre al del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou (que mantuvo el 30% de 2009 y estuvo 18 puntos por debajo del Frente Amplio y su mayoría parlamentaria, que las encuestas habían dado como imposible), fue duramente cuestionado puertas adentro de su partido, al punto que tuvieron que aparecer dos ex presidentes colorados, Julio María Sanguinetti y Jorge Batlle, a ponerle el hombro. El porcentaje obtenido por el hijo de otro ex presidente, Luis Alberto Lacalle Herrera, fiel representante de la derecha uruguaya y sus intereses, fue, sin embargo, recibido con alivio en el seno del nacionalismo que temía no alcanzar el 40%, lo que hubiera sido ciertamente lapidario. Finalmente obtuvo un 41,1% y, desde el parlamento, deberá asumir la responsabilidad de liderar a una oposición que no difiere en mucho del resto de opciones de la derecha latinoamericana: consignas genéricas (“seguridad”, “libertad”, “paz”, “franquesa”) al que es imposible oponerse, pero ideas inconfesables detrás de programas de gobierno inviables sin recurrir a las recetas de ajuste y recorte de políticas sociales que harían retroceder los logros de estos años.
Lo cierto es que, exactamente 34 años después del plebiscito que en 1980 le dijo “No” al proyecto de la dictadura militar para reformar la Constitución e institucionalizar el gobierno de facto, el Frente Amplio, la coalición de izquierda más antigua de la región, alcanzó su tercer gobierno con mayorías parlamentarias propias, un hecho inédito en el país. Obtuvo, además, la mayor diferencia en un balotaje desde que se aplica este sistema. Y Tabaré Vázquez, que pasó el millón doscientos mil votos (53,6%), se convirtió en el presidente más votado de la historia. Luego de conocerse los resultados y de la formal conferencia de prensa en el comando de campaña, subió al escenario ubicado en la Av. 18 de julio frente a la Intendencia Municipal de Montevideo, lo recorrió de un lado a otro y dijo “gracias”. Hubo un expectante silencio y ante la solicitud de la multitud, descargó la frase pronunciada hace 10 años, cuando ganara por primera vez la presidencia, que se ha convertido en caballito de batalla para frenteamplistas y objeto de burla para opositores: “Festejen, uruguayos, festejen, que la victoria es de ustedes”.

Gabriel Costa Ferraro

Publicada originalmente en "El eslabón" de Rosario, Argentina, el sábado 6 de diciembre de 2014.

18 de junio de 2013

El Hombre de Acero, dirigida por Zack Snyder













Este año, el primer superhéroe de la historia del cómic norteamericano cumple 75 años de haber sido publicado por primera vez en las páginas de “Action Comics #1”, en junio de 1938. Miles de revistas de historietas, series de radio y TV, películas y todo tipo de productos de merchandising han convertido al personaje en un símbolo, un ícono cultural. Amado y odiado (para muchos representa al imperialismo y el “modo de vida americano” capitalista y depredador, para otros es un boy scout con calzoncillo por afuera del pantalón), la historia del personaje en la pantalla es intensa y con resultados desparejos, siendo unánimemente el largometraje de 1978, dirigido por Richard Donner y protagonizado por Christopher Reeve, su versión definitiva en el imaginario popular. Aquella superproducción independiente de Alexander e Ilya Salkind y distribuida por Warner Bros., ya tenía la ambición de la franquicia. El guión del renombrado Mario Puzo (El Padrino) era un mamotreto infilmable, pero Donner se las arregló para separar el guión en dos y planificar dos películas. Lamentablemente, terminando la edición de la primera, los hermanos Salkind lo despidieron por problemas personales. Eso provocó una catástrofe: Gene Hackman se negó a volver al set de filmación y Richard Lester (el conocido director inglés de “A Hard Day’s Night” y “Help”), que fue nombrado su sustituto, debió filmar de nuevo algunas escenas con un doble que aparecía de espaldas (todas las escenas de Gene Hackman en Superman II son dirigidas por Donner, como más de la mitad de la película), le cambió el final y se eliminó el papel de Marlon Brando (que repetía su rol de Jor-El) por cuestiones presupuestarias. En definitiva, a partir de allí, la franquicia se fue al garote y sólo el encanto y la personalidad de Christopher Reeve pudo salvarla del escarnio total. La tercera entrega, dirigida por Lester, era una comedia de aventuras para niños con severas inconsistencias de guión (aunque muy divertida si se ve en plan farra) y la cuarta, dirigida por Syndey J.Furie era un horror de tal magnitud que aun cortándole media hora fue insalvable. Ni los efectos especiales eran medianamente decentes. Franquicia enterrada.

En 2006, la Warner, motivada por los éxitos de Marvel  con X-Men y Spider-Man y luego de la excelente y exitosa “Batman Inicia” (Christopher Nolan, 2005) decidieron relanzar Superman, justamente dándole la dirección al hombre responsable de X-Men: Bryan Singer (“Los Sospechosos de Siempre”, “El Aprendiz”). Lamentablemente, el guión de Michael Dougherty y Dan Harris decidió ignorar que Superman había cambiado muchísimo desde la versión “silver age” (por la Edad de plata de los cómics, décadas del 60 y 70) de fines de los 70 y que a mediados de los 80 había pasado por una impresionante reformulación que había cambiado al personaje enriqueciéndolo mucho. John Byrne, dibujante estrella de los X-Men a principios de aquella década, fue el encargado de llevar adelante aquella reestructuración. ¿Habrán creído que Bryan tenía el “toque Byrne”?
La gran decepción de “Superman Regresa” es el hecho de que no se trata de un relanzamiento de la franquicia, sino del final de la anterior. Y un final bastante soso e innecesario, además. Y para peor, Brandon Routh tenía menos carisma que un adoquín, Kate Bosworth no se parecía en nada a Lois Lane (no se trata de lo físico, se trata de personalidad) y todo el argumento era un reciclaje de la primera película de Donner, con la misma música (la clásica e inigualable partitura de John Williams), la misma secuencia de créditos y hasta las mismas escenas en los mismos lugares. Una secuela remake. No podía funcionar. La mejor escena de la película, encima, la cortaron (Superman viajando a Krypton y encontrando el lugar donde estaba ubicado el planeta) y probablemente lo más rescatable sea el cínico Lex Luthor de Kevin Spacey, que fue el único que decidió divertirse un rato. Las audiencias quedaron indiferentes y los fans muy decepcionados con la ridícula vuelta de tuerca del final, intentando cerrar un círculo que de movida estaba mal dibujado.
                Cuando se estrenó la segunda entrega de la trilogía de Batman de Christopher Nolan (“El Caballero de la Noche”, 2008) ya se hablaba en voz alta de relanzar la franquicia de Superman.  Debido al éxito cosechado con las dos primeras entregas del Hombre Murciélago, la Warner convocó a Chris Nolan y David Goyer (director y guionistas de éstas) que comenzaron a escribir una historia en consecuencia. Muchos directores estuvieron en la picota (Nolan nunca fue opción, ya que estaba trabajando en “El Caballero de la Noche Asciende”):  Darren Aronofsky, Duncan Jones, Ben Affleck, Tony Scott, Matt Reeves y Jonathan Liebesman estuvieron en la lista pero finalmente recayó en manos de Zack Snyder que en los últimos años se ganó un merecido prestigio adaptando novelas gráficas a la pantalla grande, como “300” de Frank Miller y “Watchmen” de Alan Moore y Dave Gibbons, con admirable exactitud.
Tantos años después y con mucha expectativa motivada por rumores, clips y trailers (difundidos estratégicamente en el tiempo para acrecentar la novelería del fan) llegó la hora de ver el resultado. En este caso, decidimos prescindir de los artificios del cine moderno y vimos la película en pantalla normal y en 2D. Si funciona así, funciona.
Y vaya si funciona. “El Hombre de Acero”, es, sin duda, la mejor versión jamás plasmada en la pantalla de los mitos de Superman. Que son muchos e imposibles de abarcar en dos horas y poco y está claro que la película es el prólogo de algo mayor, como lo era “Batman Inicia”. El guión decide respetar la esencia de los personajes, algo que en las adaptaciones cinematográficas de DC siempre fue demasiado aleatorio. Y los personajes funcionan porque están notablemente interpretados.
Arrancamos en Krypton (¿dónde si no?), donde como es sabido, el científico Jor-El (Russell Crowe) advierte a la tecnocracia gobernante que el planeta tiene los días contados mientras el subversivo General Zod (Michael Shannon, que construye al que es, quizás, el personaje más sólido de la cinta) falla en su intento de golpe de estado y es enviado a la Zona Fantasma con su ejército renegado. Pero Jor-El logra mandar a su hijo recién nacido, Kal-El, en una nave a la Tierra, donde además de salvarlo del cataclismo, le asegura una vida de semi-Dios en ese minúsculo planeta bañado por la radiación de su joven estrella amarilla. Todo este prólogo está narrado con un ritmo trepidante, si bien alguna elipsis puede parecer brusca, y el Krypton que vemos es muy distinto al que conocimos en 1978, aquel páramo helado y blanco, sin fauna ni flora. Este Krypton rebosa vida, lo cual hace aún más trágico su desenlace. El Jor-El de Russell Crowe es incluso más interesante que cualquiera de sus versiones en historieta, al igual que Lara (Ayelet Zurer).
A partir de la llegada del cohete a la Tierra la narración se sitúa en el presente y por medio de oportunos flashbacks vamos conociendo a Clark Kent, un nenito asustado porque no puede controlar lo que le pasa y necesita mucha contención de su mamá Martha (Diane Lane) y de su papá Jonathan (Kevin Costner), sobre todo cuando llega la adolescencia y aparecen los compañeros patoteros y situaciones que en un pibe normal llevarían a reacciones que en este caso particular terminarían en tragedia. Las tres o cuatro escenas de Kevin Costner y Diane Lane son de alto contenido dramático y emocional y son fundamentales para establecer vínculos con ese muchachito que en el presente deambula buscando su destino. En estos dos personajes radica la humanidad de Kal y por qué es quien es hoy. Y acá llega el momento de detenerse un poco en Henry Cavill. Qué difícil agarrar un personaje tan identificado con otro actor como Clark/Superman está atado a la memoria de Christopher Reeve. El tema es que, sencillamente, el Clark Kent que construye Cavill es otro. Tiene muchos vínculos con el Clark de John Byrne en los 80. Entonces no nace comparación posible: no existe el “tímido” reportero de modales suaves y voz aflautada. De hecho, no existe (aún) el reportero. Estamos situados en otro momento de la historia del personaje que, sin haber siquiera descubierto su herencia, es muchísimo más sustancioso que aquel caricaturesco descripto por Mario Puzo. Es un muchacho atribulado, con enormes dudas de identidad. Y cuando le toca colgarse la capa, es un Superman a la altura de estas circunstancias: inseguro, heroico, todavía demasiado humano. O demasiado inconsciente de su poder. A no esperar a un canchero de sonrisita y jopo. Falta para eso. Acá ni siquiera ha sido bautizado con su nombre de batalla. Apenas si se dice una vez esa palabra, casi al azar.

En paralelo tenemos a Lois Lane (Amy Adams, divina) que anda tras los pasos de este misterioso hombre que realiza hazañas imposibles y desaparece sin rastro, mientras su editor en el diario “El Planeta”, Perry White (Laurence Fishburne… si, White es negro… ¿y qué?) le advierte que no puede publicar cualquier cosa sin pruebas fehacientes, por más Pulitzer que haya ganado, y menos si los militares niegan todo.  Y allí anda también Steve Lombard (Michael Kelly) por la redacción del diario, aunque ciertamente extrañamos bastante a Jimmy Olsen.
Un gran acierto el de Amy Adams. Es Lois. Cada palabra y cada acción típica de Lois Lane. El hecho de que sea pelirroja (y que Lana Lang sea morocha, al revés del pepino) no cambia en nada que es la mejor Lois Lane desde la que hizo Teri Hatcher en la comedia de TV “Lois & Clark”. Y que su personaje aún tiene mucho por desarrollar, así como su relación con Clark, que sorprenderá a más de uno.
Clark entonces, descubre su herencia por partida doble. Es Kal-El, del planeta Krypton y un tal General Zod acaba de darle un ultimátum a la Tierra para que se lo entreguen so pena de destrucción total.  Y a partir de allí, se desata lo que el público de un blockbuster de verano/invierno (según el hemisferio) quiere ver: acción a carradas y sin un segundo de respiro.
La película, por supuesto, no es perfecta ni mucho menos. Tiene algunos (pocos) altibajos de ritmo y personajes algo desaprovechados (como Emil Hamilton, por ejemplo) pero en general sale muy bien parada. Al igual que la trilogía de Batman, excede el nuevo género “película de superhéroes”, con la que podríamos catalogar a las producciones Marvel. En el caso del encapotado, es un policial de tono épico. Nolan nunca ocultó la influencia de Michael Mann en su visión de Gotham. “Man of Steel”, en cambio, es una película de ciencia ficción. De principio a fin. Que hace eje en eso que pocas veces se ha aprovechado en la leyenda de Superman: el primer contacto de la raza humana con seres de otro planeta. No hay duda que ese hecho por sí solo, cambiaría totalmente la historia y nuestra concepción del universo, la espiritualidad y las religiones. La analogía de Kal-El/Jesucristo es un poco tirada de los pelos, es cierto, pero es una forma de tomar nota de algo que siempre fue bastante notorio con respecto al mito del “niño estelar”, como lo llamó Elliot S. Maggin en su novela “Superman: El Ultimo Hijo de Krypton”. Es una aproximación realista, de ser esto posible, a una fantasía creada cuando el mundo era algo totalmente diferente a lo que es hoy.
Y a Zack Snyder, se sabe, no le importa lo que diga la crítica sino lo que digan los fans. Con “300” y “Watchmen” no tenía mucho margen de maniobra y sacó buena nota. La segunda, sensiblemente mejor que la primera (diferencia trasladable a las obras originales, por supuesto), era prácticamente una adaptación literal (sobre todo la primera mitad) del cómic de Alan Moore. En este caso, con un guión original (que tiene cosas de varias historias publicadas en los cómics y algunas invenciones ciertamente interesantes) y la libertad de acción para hacer encuadres, Snyder logra la mejor película de su no tan extensa carrera (y obviamos, deliberadamente, cualquier comentario sobre “Sucker Punch”, que es horrenda). Está claro que lo suyo es la acción, y que si tiene una buena historia, la saca adelante con personalidad. En este caso, haciendo elecciones artísticas acertadas: el uso de cámara al hombro para primeros planos y cierto toque a la Terrence Malick para los flashbacks o el prescindir de uno de sus chiches favoritos: la cámara lenta (que usa exageradamente en películas anteriores) para darle ese vértigo al clímax final (que me temo que en 3D va a parecer exagerado y mareador). Habrá que ver qué tal se lleva con otro tipo de películas, más sencillas y ancladas en la realidad cotidiana, pero si su idea es continuar haciendo esto, que siga tranquilo, lo hace más que bien y ya hay otros directores muy talentosos para dirigir dramas humanos y sencillos.  
Para la segunda entrega (ya en pre-producción y con la alocada idea de estrenarla en diciembre de 2014) podríamos esperar, por fin, una versión de Lex Luthor a la altura de la historia del personaje y no el mero vehículo para el sainete de un actor de lujo (Gene Hackman o Kevin Spacey, por ejemplo) si no un enemigo a temer… En Metropolis, la marca Lexcorp se ve varias veces, lo que nos asegura que al menos los guionistas tienen una idea bastante más actual del personaje (¡¡que en las historietas llegó a ser presidente de Estados Unidos!!). Quizás podamos ver a Brainiac o Metallo (y a la kryptonita) también… Quién sabe. ¿Tendría cabida un Mr. Mxyzptlk o un Juguetero? Aparecerán Cadmus y la galería de personajes creados por Jack Kirby? ¿Tendremos a Darkseid? Lo cierto es que Chris Nolan, David Goyer y Zack Snyder nos han dado un Superman acorde con los nuevos tiempos y que al fin, volvió para quedarse.

Gabriel Costa Ferraro

Man of Steel (USA/Canada/UK 2013) Dirigida por Zack Snyder. Escrita por David Goyer y Christopher Nolan. Con Henry Cavill, Amy Adams, Michael Shannon, Diane Lane, Russell Crowe, Kevin Costner, Antje Traue, Harry Lennix, Richard Schiff,  Christopher Meloni, Laurence Fishburne. 

6 de junio de 2013

Yes x 3 en el Luna Park el jueves 30 de mayo: un viaje al lado sur del cielo.

Aún si fuera el deseo de este cronista el relatar un desapasionado y objetivo racconto  de lo acontecido la noche del jueves 30 de mayo en Luna Park, dicha empresa sería difícil. Nunca imaginó que 15 años después de la primera vez que un disco de Yes (“Fragile”, de 1972) atravesara su corazón, cuando aún no tenía ni el menor atisbo de idea sobre la enorme leyenda que representaba aquella banda y la huella que había dejado, tendría la oportunidad de verlos en vivo por primera vez. Para rematarla, tocando en su totalidad tres de los mejores discos de la historia del que probablemente fue el período de mayor pico creativo del rock británico y especialmente del rock progresivo:  la octava década del siglo veinte, los maravillosos setentas.

Pasados 15 minutos de las 21 comenzó a sonar la tradicional obertura de los shows de Yes: el final de la suite “El Pájaro de Fuego” de Igor Stravinski. En seguida, la característica introducción de pájaros del comienzo de “Close to the Edge”, la suite que da nombre al quinto disco de estudio del grupo editado en 1972. Después de un comienzo bastante dubitativo que puso en alerta a muchos entre las cerca de 7000 personas que colmaron el Luna Park, las cosas empezaron a acomodarse. Cuando arrancó a cantar Jon Davison (que reemplaza a su histórico tocayo Anderson) iban rápidamente de menos a más con un movedizo Steve Howe a la batuta y haciendo lo que podríamos llamar, sin temor a equivocarnos, magia sonora con su variado set de guitarras. “And You And I” fue su primer “tour de force” importante de la noche. No le iba en zaga otro histórico: el bajista Chris Squire, que si bien anda un poco pasado de peso, toca y hace sonar sus instrumentos (usó cuatro o cinco bajos) como solo él sabe. Un maestro. Del trío histórico, el baterista Alan White es quizás, el único que no está del todo en forma. Los problemas del comienzo de “Close to the Edge” trajeron a la memoria de muchos espectadores el pálido recuerdo de la última visita de la banda con el canadiense Benoit David y Oliver, el hijo de Wakeman. A Alan se lo ve cansado, pero en líneas generales no llegó a ciertos niveles que demostró en otros shows de esta gira, donde según los fans no dio pie con bola. Aquí se notó que su golpe ha perdido fuerza y, sobre todo, precisión. Pero aun así, con el enorme oficio que tiene sale airoso en líneas generales. Rick Wakeman tampoco estuvo esta vez y se lo extrañó. Geoff Downes, además de haber contado con algunos problemas de sonido a lo largo de todo el show, no tiene ni el virtuosismo ni la familiaridad con el repertorio de Rick, pero cumple su rol casi sin zozobras. Siguió “Siberian Khatru” y luego Steve anunció el siguiente álbum que interpretarían; uno que grabaron en 1977 en Suiza.
Siguió, entonces, “Going For The One”. Un gran disco, de los favoritos de los yeseros, que refleja un muy buen momento de la banda y que estuvo, además, notablemente ejecutado. El tema de apertura, homónimo, sonó igual que en el disco: pudo apreciarse perfectamente la armonía vocal, que es de una genialidad superlativa. Para “Turn of the Century”, bellísima, Davison ya se había ganado el respeto y la admiración de todos por su notable interpretación y además por su onda, totalmente integrada a la imagen y estética de la banda. Algo que el buen Geoff tampoco logra, por cierto. Quizás sea porque toca la mayoría del tiempo de espaldas al público. Siguió “Parallels” y Chris Squire envuelto en llamas con esa línea asesina en el bajo. “Wonderous Stories”, impresionante lo de Davison. “Awaken”, que muchos consideran (Jon Anderson incluido) el mejor tema de la historia de la banda, fue probablemente el momento de mayor trance y conexión de la noche. Squire usó su bajo de tres mástiles (es en el único tema que lo usa) y había buena vibra, sin duda, aunque confieso que fue de los temas (el disco entero, en realidad) en que más se extrañó a Wakeman.

Finalmente, "The Yes Album" fue, de principio a fin, un golazo de media cancha. O varios. La anécdota divertida es el furcio de Squire al anunciar el año de lanzamiento del disco: dijo verano de 1969 cuando fue, en realidad, en 1971 (como apuntó rápidamente Howe sin que su compañero le diera mucha bolilla). Arrancó entonces con el aire country de “Yours Is No Disgrace”, el siempre disfrutable solo de Howe en “The Clap”, la magnífica “Starship Trooper”, “I’ve Seen All Good People” (una que sepamos todos, sin duda), “A Venture” (nunca tocada en vivo antes de esta gira y una gozada total) y “Perpetual Change” que fue para quien escribe otro de los momentos de alto vuelo de una noche memorable. En un momento la banda dividida en dos: por un lado la base rítmica, Chris y Alan, tocando un riff, por otro lado Steve y Geoff tocando otro riff… Dos partes del mismo tema sonando superpuestas a la perfección. De yapa y como bis, una excelente versión de “Roundabout”, de aquel disco que escuchara hace 15 años, verdadera epifanía musical, que fue una despedida de lujo para un debut personal con una banda de cabecera, una de esas que tiene varios discos en la lista para llevarse al espacio en caso de emergencia.  

Gabriel Costa Ferraro

25 de mayo de 2013

Razones de mayo




Hoy en Argentina, 203 años después de la Revolución de Mayo, un montón de gente común y corriente, jóvenes, veteranos, laburantes, artistas, militantes y familias de todos los estratos sociales, festejan que hace 10 años se abrió una brecha para saldar algunas deudas históricas que ciertamente se han venido saldando, sin que eso signifique que no se hayan cometido errores o que no queden muchas de esas deudas aún pendientes. Festejan porque hoy pueden participar y discutir qué país quieren. Y festejan que recuperaron su trabajo, o que se pudieron jubilar, o que son el primer universitario en la familia, o que se pudieron casar con el que se les da la gana, o que sus aportes laborales ya no están en manos de bancos extranjeros rifados en la timba financiera y hoy se invierten acá, o que ya no tienen que esperar hasta el domingo a las 9 de la noche para ver los goles de su equipo o ver una tribuna en la pantalla porque no puede pagar el plus del abono de Cablevisión. Quien sabe. Por ahí festejan haber recuperado Aerolíneas e YPF, haber enjuiciado y encarcelado a genocidas que se mueren así y no libres como ha sido regla en la historia de la humanidad, haberle dicho no al ALCA de Bush, la Asignación Universal por Hijo, la impecable gestión diplomática por Malvinas o simplemente tener una Presidenta que no sólo no lee sus discursos si no que maneja una claridad y elocuencia conceptual que enferman de odio a sus contendientes políticos (que en amplia mayoría, no le llegan a los talones) y saca de quicio a sus enemigos de la monótona retahíla mediática (el verdadero partido opositor, afectado en sus negocios) de que "está todo mal" y que "son todos chorros" que esconden fortunas en bóvedas. 
Quien escribe, humildemente, se suma a esa alegría. Ha comprobado la indiscutible realidad de estas cosas. Ve quienes son los que mascan bronca después de estos 10 años y está seguro de estar parado en el lugar que lo deja tranquilo con su conciencia. Quizás no sea una década ganada, queda eso para los libros de historia. Lo que sí es seguro es que no fue una década perdida. Al gran pueblo argentino, salud

Discurso de asunción de Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003:

6 de abril de 2013

Sobre "viejas", "tuertos" y derrapes.

José Mujica, presidente de Uruguay, dijo sin percatarse de que tenía micrófonos abiertos que "esta vieja es peor que el tuerto". Claramente, se estaba refiriendo a la presidenta argentina, Cristina Fernández y a su difunto esposo, el ex-presidente, Néstor Kirchner. En medio de una hecatombe generalizada en Argentina por hechos de público conocimiento, esta noticia surgió para azuzar un poco el odio opositor (que no necesita demasiado para azuzarse, seamos sinceros) en ambos márgenes del Plata y para convertir al Pepe en el nuevo héroe de los caceroleros argentinos. 
Personalmente, me sentí avergonzado del presidente de mi país, al cual voté y banco siempre, como la banco a Cristina todos los días luchando contra los mismos que hoy le "festejan" la "gracia" a Mujica. 
Cada uno con sus herramientas (y no entremos a comparar la diferencia gigante entre Uruguay y Argentina, que ciertamente ha perjudicado severamente a Uruguay en varios temas en los últimos años por su férreo proteccionismo y actitudes ciertamente intransigentes, como el apoyo a los "asambleístas" de Gualeguaychú -que fueron "piqueteros" y "destituyentes" cuando hicieron un lock-out patronal en 2008-) luchan contra los mismos que hoy disfrutan de esta metida de pata o titulan en sus diarios que significa la "ruptura" entre ambos países, trasladando como habitualmente hacen su expresiones de deseo a sus columnas de opinión disfrazadas de "hechos" que no existen.
Y lo que lamentablemente en seguida salta, en ambos lados, es un chauvinismo ridículo que no suma nada. Los peronistas ortodoxos (hoy kirchneristas, mañana no se), ofendidos, saltan a defender a la presidenta: "es un tibio", "es un viejo vizcacha"... No tienen ni idea, ni los anti K (que siempre hablan de Mujica con simpatía por su austeridad y bonhomía pero si fuera presidente argentino -considero que jamás un hombre así podría llegar a serlo- dirían que es un roñoso) ni los K (que siempre creen, equivocadamente, que a su izquierda está la pared) quien es Mujica. Y, seamos sinceros, la gran mayoría de los uruguayos, antiperonistas genéticos, no entienden nada de Argentina. Salvo a Tinelli, claro. La ven a Cristina como quien ve a la Mona Jacinta, no le dan crédito para nada, están totalmente horadados por lo que los medios argentinos y uruguayos, que repiten de los argentinos, les bajan de ella. Me consta que en Uruguay se ve TN y que no se tiene la más pálida idea del nivel de desinformación, mentira y operación política que se hace diariamente en esa señal, perteneciente a un grupo económico que creció gracias a negocios mafiosos y complicidad con las dictaduras. Once años viviendo de este lado han confirmado estas hipótesis de mutuo desconocimiento y desconfianza entre pueblos hermanos, que es adornado, disimulado por un cierto candor y admiración por parte de argentinos a uruguayos y un visceral rechazo en viceversa, transformando, en una ridícula generalización, a todo argentino en el "cheto" que veranea en Punta del Este y habla con una papa en la boca o, aún peor, en una masa iletrada que va donde esté el choripan y la coca. Los argentinos quieren a los uruguayos, los uruguayos piensan que los quieren porque se creen superiores y entonces los odian. La mentalidad provinciana... ¿dónde está en realidad?
Estas pavadas que dice Mujica por su irreductible incontinencia verbal, no ayudan para nada en la difícil reconstrucción que ha habido en estos años de las complicadísimas relaciones bilaterales, seriamente afectadas por el corte de los puentes que terminó en La Haya, el dragado del canal Martín García -sin solución a la vista- y otros asuntos. Jorge Lanata, referente del pueblo cacerolo (y hay cacerolos en ambos márgenes del Río de la Plata, queridos, no se engañen... en Uruguay no salen a la calle porque son 5), dijo que el Pepe "manifestó lo que piensa TODA latinoamérica" (así con mayúsculas) y en seguida el corrillo de loritos zombies empezaron a repetir la "genialidad". Sobre todo los opositores uruguayos en las redes sociales, que así como detestan al FA y a Mujica, odian visceralmente a Cristina Fernández y desean fervientemente que se termine toda esta "paparruchada" de la "unión latinoamericana" y regresen los buenos gobiernos neoliberales que se ocupaban de las cosas importantes como los ajustes fiscales, la reducción del "gasto" público, el endeudamiento perpetuo, cagar a palos a la gente que salía a la calle porque no tenía laburo y los tratados bilaterales con democracias verdaderas como la de Estados Unidos. Porque Lanata y los suyos, por supuesto, saben mas que nadie lo que piensa toda latinoamérica: no olvidemos que anunció la victoria de Capriles en Venezuela y se tuvo que retirar del aire 15 minutos antes en lo que fue el mayor ridículo televisivo que he visto en años, entre miles de ridiculeces diarias que inundan la televisión argentina. 
Sería bueno que nos pongamos a pensar mas y a repetir menos, que hay muchos problemas REALMENTE importantes para resolver como para detenerse en lo que pudo haberse dicho perfectamente, entre compañeros, en una charla de mingitorio.

Gabriel Costa Ferraro

De basuras mediáticas y zombies


Tengo que admitir que, al principio, el desmentido del episcopado sobre las 14 audiencias que CFK había "rechazado" a Bergoglio (lo escuché, entre otros, de Marcelo Bonelli, Julio Blank, Joaquín Morales Solá, Pepe Eliachev, Luis Majul, Jorge Lanata, Nelson Castro y otros de esa calaña... o sea, todos los propaladores habituales de mentiras y operaciones de prensa conjuntas entre Clarín-La Nación-Perfil) me dio mucha gracia y me hizo reír de lo lindo. Pero pasadas las horas, siento profunda pena por toda esa gente, mezcla de zombie con lorito hablador, que se hizo eco de eso y lo repitió hasta el cansancio. Pena porque no se puede representar a un colectivo de "nada". Es decir, todos queremos vivir mejor, que haya justicia, que haya salud, educación. No es exclusivo de nadie y poco puede usarse como bandera para oponerse a algo, menos a un gobierno que amplía derechos e incluye. Y así como ésta "opereta", que personalmente me resulta menor porque me importa tres pitos la Iglesia Católica, salvo porque les tengo que bancar la religión con mis impuestos que preferiría los usara el canal Encuentro, hay al menos UNA operación diaria de mentira, engaño y/o difamación de parte de esta "prensa libre e independiente" amenazada por la "dictadura K". Y cada una de ellas corre como reguero de pólvora enardeciendo al acérrimo opositor.
El problema verdadero aquí es que eso lo hacen sabiendo que a sus lectores/televidentes/radioescuchas no les importa que sea falso. No les interesa. No leen otra cosa, no escuchan otra cosa (porque los demás, tal cual les ha dicho su prócer y gurú Lanata después de venderse por unos cuantos pesos, son "medios adictos", "cooptados" por "militontos"). Les dan la letra para que después repitan en el trabajo,  en discusiones familiares o en mesas de amigos. Y después otros, que dicen "yo no leo Clarín", "A mi los medios no me dicen que pensar", "Yo no les creo a ninguno, ni oficialistas ni opositores", repiten igual esa misma mentira porque se las dijo alguien por ahí y les encantó para sentirse un opositor de ley. Después dicen que hay "división" y "confrontación", que la gente está "dividida". Una mafia de soretes, eso es lo que son. Ellos son los que dividen, los que azuzan el descontento, el odio, la miseria mas vil (el título de hoy de Clarín sobre la Abuela de Plaza de Mayo fallecida en La Plata es lo mas miserable que he leído allí en años) de las personas que abjuran de la política, no la entienden ni la quieren. O de los políticos, que son todos iguales menos los que dicen lo que a mi me gusta en "A dos voces". Ya lo dijo Bertold Brecht: el peor analfabeto es el analfabeto político. Tienen, entonces, a un público cautivo de zombies idiotas y furiosos que repiten y propalan sus mentiras por redes y ámbitos sociales. Y a su vez, los zombies, que después hacen cacerolazos porque no pueden "veranear en Punta del Este" o quieren "justicia", "seguridad" y otros items tan indefinidos como ambiguos y tienen políticos igual de ineptos e idiotas que los representan, sin proyectos, sin ideas, sin nada. No quiero que se malinterprete: no estoy diciendo (por las dudas, porque se que siempre alguien salta como leche hervida haciéndose cargo) que todos los que se oponen o no son kirchneristas son descerebrados e idiotas. No. Hablo de los que repiten las mentiras de los principales medios opositores, que son muchos, lamentablemente. Los que se suben a la mentira porque les conviene, ya que jamás podrían articular un pensamiento propio y necesitan que les bajen el discursito bien masticadito los Nelson Castro, por ejemplo, que le habla a la presidenta de su país como si le hablara a un dictadorcillo de republiqueta bananera, o los Luis Majul, verdadera vergüenza de una dignísima profesión.
Y bueno, así están las cosas, lamentablemente. Es penosa la actualidad del periodismo liberal. Penosa. Estar informado hoy en día requiere muchísmo laburo intelectual, de búsqueda, de cotejo, de contraste, que es lógico que a mucha gente le de pereza y prefiera asumir su posición de lorito zombie. Y a nivel político, no hay ninguna propuesta superadora. Nada. Es todo basura mediática.



Gabriel Costa Ferraro